Comenzar a describir lo que para mí significan las palabras, pensé que me sería fácil, pero cabe la casualidad que no. No había reparado, creo, en la cualidad específica que ellas tienen en mí. Acabo de darme cuenta que son mujeres y no hombres, salió de la nada el gesto sexista y creo que va más allá de si terminan en “a” o no.
Para mi las palabras son sensibles, casi un ser vivo que camina dos, tres, cuatro pies, que respira, come, alimenta, ama, cree… siente. Cada palabra es independiente y solitaria, pero entre todas crean un gran movimiento ideológico, social y racional, que va más allá de lo que nuestras mentes pueden alcanzar.
Las palabras estaban antes que yo naciera y, por alguna razón que no conozco, me eligieron para ser su medio de comunicación, al igual que a todos los que están leyendo esto. Pero a pesar, de que pueden leer esto, estoy casi segura que no todos pueden aprovechar la gran capacidad que tienen estas individuas de mezclarse entre sí y dar a conocer todas las verdades que existen dentro de nosotros.
¿A cuántos les ha pasado que te preguntan algo, pero no sabes cómo responder, no sabes cómo crear oraciones que concuerden con lo que estás sintiendo? Bueno eso ocurre porque tus palabras aún no maduran. O al revés, más de alguna vez me ha pasado que sin querer decirlo las palabras escapan de mi boca y se lanzan al aire entre ondas sonoras y generan oraciones muy, pero muy verdaderas, que el nivel de vergüenza que en mi habita no quería dejar salir. En este caso, creo, las palabras eran más maduras que yo.
Su importancia es fundamental, no podría sólo comunicarme mediante sonidos, gestos, líneas, o quizás si; pero ahora que las conozco mi apego hacia ellas es simbiótico. Esta especie de relación sentimental que mantenemos varía en la dicotomía de razón y sentir. Para usarlas me es necesario pensar, obviamente, pero sin sentirlas se anulan. Sin el sentir mío, sin mi necesidad, la razón de unir letras para conformar algo carece de sentido y obviamente de realidad.
Aunque debo confesar que finalmente son mis sentidos los que comandan el hecho de escribir, las palabras que realmente aprecio, las que logran sobrepasar el clímax de mi ego (digo clímax, porque generalmente odio las palabras por mí desperdiciadas) son aquellas que aparecen en los momentos más trágicos de mi vida. Los más tristes. Los “depresivos”. Cuando todo es negro y sin transparencias logro sacarles el mayor provecho posible, sólo ahí las amo, sólo ahí tienen sentido para mí. Quizás es sólo en esos momentos donde la claridad “creativa” y la claridad de una realidad son completamente nítidas. Es en los momentos de oscuro cuando realmente nos entrelazamos y formamos el nudo más potente que existe. Donde las palabras logran seducirme para que seamos uno. Un uno más que conveniente. Ese uno que logra sacar lo más doloroso, lo más verdadero de mi mente y de mi cuerpo entero.
Mi cuerpo. Creo que las palabras nacen desde cualquier parte del cuerpo. Las he visto murmurándome desde los ojos de otro, entre unos dedos entrelazados, en un abrazo, en un par de lágrimas, en una hoja de papel, en un confort, en un rayo de sol, obviamente en la lluvia, en el metro, en tu metro, en un olor, en el aleteo del colibrí, en la canción que me dedicaste, en la que te regalé yo. En mi te amo, en mi para siempre, en tu duda, en la duda de él, en la duda de ellos. He encontrado las palabras en cielo, mar y tierra. No es coincidencia que aparezcan para todos en cualquier lugar, aparecen según necesidad, ya sea mía o de ellas.
Las palabras habitan en todos mis sentidos, en todos los pasos y respiros que doy en este ritmo de vida que tengo, en la rapidez y en la lentitud, en salud y enfermedad, hasta que la muerte nos separe. O no.
El verdadero doppelgänger sos vos, porque estás como desencarnado, sos una voluntad en forma de veleta, ahi arriba
lunes, marzo 17, 2008
lunes, marzo 10, 2008
[en construcción]
Ayer decidí que dejé de vivir
lo pronuncié más de una vez.
¿Qué se hace ahora luego de declararse muerto?
Rondar las horas, transparente
cortar las cuerdas
apagar los relojes
omitir los pestañeos
respaldar las dudas.
El ruido se me escapó y me dejó sola.
Los sonidos me espantan
cortándome uno a uno los dedos
no soporto tener espacio,
más que el campo despoblado que a mis rodillas entierro.
Me rehusé a consentir que las paredes no se cierran
y que al techo no lo puedo usar como cepillo
que extirpa los ruidos que hacen mis pensamientos.
Porque pensar se me hace largo,
andrajosamente inhumano.
Permitir que los sentidos me coman la carne viva.
Llevo muerta un día y medio
y aún no logro suspender el silencio.
Disminuyo la sombra que proyecto en el suelo.
lo pronuncié más de una vez.
¿Qué se hace ahora luego de declararse muerto?
Rondar las horas, transparente
cortar las cuerdas
apagar los relojes
omitir los pestañeos
respaldar las dudas.
El ruido se me escapó y me dejó sola.
Los sonidos me espantan
cortándome uno a uno los dedos
no soporto tener espacio,
más que el campo despoblado que a mis rodillas entierro.
Me rehusé a consentir que las paredes no se cierran
y que al techo no lo puedo usar como cepillo
que extirpa los ruidos que hacen mis pensamientos.
Porque pensar se me hace largo,
andrajosamente inhumano.
Permitir que los sentidos me coman la carne viva.
Llevo muerta un día y medio
y aún no logro suspender el silencio.
Disminuyo la sombra que proyecto en el suelo.
se los regalo...
martes, marzo 04, 2008
[Aún]
El mundo sucumbió en algún momento lejano.
La poca esperanza que quedaba desapareció
en la víspera del reencuentro,
no pudo ocultar sus gotas
y se eclipsó bajo el sabor amargo de sus labios.
Una nebulosa cegó sus ojos y la escena se desvaneció.
El teléfono vuelve a sonar
la voz de un hombre hace la conexión,
ella relaja sus músculos y conversa.
La lejanía de los cuerpos no aguarda
y la soledad de aquel segundo los prepara para un beso.
El momento que cambió,
cada vez más nítido.
Ahora todo era irradiación, que encandila.
La poca esperanza que quedaba desapareció
en la víspera del reencuentro,
no pudo ocultar sus gotas
y se eclipsó bajo el sabor amargo de sus labios.
Una nebulosa cegó sus ojos y la escena se desvaneció.
El teléfono vuelve a sonar
la voz de un hombre hace la conexión,
ella relaja sus músculos y conversa.
La lejanía de los cuerpos no aguarda
y la soledad de aquel segundo los prepara para un beso.
El momento que cambió,
cada vez más nítido.
Ahora todo era irradiación, que encandila.
sábado, febrero 23, 2008
Apnea
Me consiguió nuevamente
alucinación de cuchillos desde mi piel
que me atraviesa los ojos
me deja ciega sin respirar.
Me atraviesa la sangre
me clava los dedos contra la garganta.
Me ahorco intrépidamente ajena
y mis sentidos anulados
mis ojos ya no inhalan.
Quedo paralizada
se me acaba el camino y me alargo
desde abajo veo cómo desplomo
desde el aire la base es sutil
Pon tu boca en la mía y enséñame a respirar.

alucinación de cuchillos desde mi piel
que me atraviesa los ojos
me deja ciega sin respirar.
Me atraviesa la sangre
me clava los dedos contra la garganta.
Me ahorco intrépidamente ajena
y mis sentidos anulados
mis ojos ya no inhalan.
Quedo paralizada
se me acaba el camino y me alargo
desde abajo veo cómo desplomo
desde el aire la base es sutil
Pon tu boca en la mía y enséñame a respirar.

Taller me lo corrigen??
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